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lunes, 18 de diciembre de 2017

Humildad vs Prepotencia


Como ya sabéis algunos, tengo relación con varias personas que se encargan de hacer selección de personal y hace unos días una amiga que se encarga de estos temas me contaba que la conversación con uno de estos candidatos se convirtió en algo muy divertido.

Mi amiga había seleccionado ocho perfiles de personas que investigaban en una determinada universidad en una línea de trabajo que interesaba a su cliente. Sin embargo, la primera persona entrevistada le resultó curiosa por su actitud desde el primer momento. La conversación según me la relató fue más o menos así:

- Buenas tardes. Te hemos llamado porque cumples con el perfil ya que tienes conocimientos de XXX y en la universidad hay pocos perfiles que tengan estos conocimientos.

- Soy el único.

- ¿Perdón?

- Que soy el único que sabe de XXX.

En aquel momento mi amiga seguro que arqueó las cejas y desvió inconscientemente la mirada hacia la carpeta donde guardaba los otros siete perfiles que había recuperado desde la Universidad.

Siguió la conversación con este candidato y hubo otra contestación que le resultó definitiva para eliminarlo:

- Tendremos en cuenta tu perfil y lo valoraremos. Te diremos algo en un sentido u otro en un par de semanas.

- Daos prisa porque tengo una oferta en Madrid del Banco XXX que me ofrece el doble que vosotros y me dan alojamiento... Pero vosotros me caéis bien y se que me necesitáis.

En aquel momento mi amiga se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo. Realmente estaba hablando con el peor candidato de todos. Era prepotente (además de posiblemente mentiroso) y aquello podría suponer un problema para el ecosistema de la empresa donde pensaban encajarlo. Fue eliminado automáticamente.

Si quieres valorarte por encima de los demás en una entrevista de trabajo en la que sabes que el resto de candidatos disponen de los mismos conocimientos y aptitudes lo único que puedes hacer es hablar de tus cualidades subjetivas: implicación, ilusión, creatividad, etc.

Nunca debes de decir que eres el único con esos conocimientos o aptitudes porque realmente no sabes qué otros candidatos hay en la carpeta de selección.

Y por supuesto, no digas que tienes otras opciones con mejores condiciones porque entonces lo que te van a preguntar es ¿porqué quieres elegirnos?

Mi amiga me hizo un comentario interesante: "Ninguna empresa quiere tener entre sus empleados a alguien que dice que podría estar en otra empresa ganando más dinero y haciendo un mejor trabajo. Quieres empleados capaces de desarrollar toda su capacidad en tu empresa, que la hagan crecer, que contagien su entusiasmo y ganas de trabajar. No quieres candidatos que te recuerden cada vez que haya un problema que podrían estar en otra empresa mejor.

La humildad es un valor que se está perdiendo pero que hay que cultivar.

La humildad no es menospreciarse, sino valorarse en la justa medida y dejar que los demás descubran nuestra verdadera potencialidad mediante el trabajo. No consiste en mal venderse, sino en venderse de forma que satisfacemos las necesidades del momento y asombraremos después con el trabajo ya que será incluso mejor que lo que ofrecimos en un primer momento.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Antes de que empieces a arder, enfríate.

Foto: Pixabay

En ocasiones las cosas salen mal, cosa que ya sabemos y a todos nos han ocurrido porque de hecho, se nos paga para solucionar problemas y si todo fuese perfecto, estaríamos en el paro. Es posible que el problema sea tan grave que sientas que la sangre hierve en tus venas. El calor invade tu cuerpo y tienes ganas de gritarle a las personas que se han equivocado. Necesitas sacar esa adrenalina, ese incremento del pulso de alguna manera.

No soy partidario en ningún caso de que en estas situaciones nos dediquemos a intentar solucionar el problema en caliente. Dejemos que se enfríe el asunto. Las posibles soluciones acudirán con mayor facilidad a nuestra mente. Una mente "perturbada" por la rabia no suele ser creativa nada más que con soluciones radicales.

En estas ocasiones depende del tiempo que tengas disponible. Si tienes la posibilidad de demorar el asunto hasta el día siguiente en mi caso es lo que hago siempre que tengo la oportunidad. Después de ocho horas de sueño las cosas se ven de otro color y las soluciones a los problemas afloran por si mismas en periodos en los que el cerebro está descansando como es la noche. Durante el periodo que ocurre entre el problema y la búsqueda de solución, no te quedes parado: busca datos acerca del problema y plantea posibles soluciones, pero no tomes decisiones hasta el momento adecuado.

Si no tienes tiempo de dejarlo para el día siguiente, entonces se trata de liberar tanta tensión como sea posible. Las actividades físicas en este caso son la estrella. Haz una carrera, una clase de spinning o simplemente sal a pasear. El cambio en la actitud física produce un cambio en la actitud mental.

Cuando no dispongas de tiempo ni siquiera para esto, entonces tendrás que recurrir a tus colaboradores por este orden y según disponibilidad y afinidad: jefes, compañeros de departamento y resto de compañeros. Habla con alguien y cuéntale tu problema, a veces simplemente que alguien nos escuche es suficiente para reducir la presión en el sistema.

Si no dispones de tiempo ni siquiera para hablar con nadie, seguro que puedes hacer algunos ejercicios de respiración que puedes encontrar en YouTube y actualmente los smartwatch como el Fitit Ionic y el Apple Watch incorporan aplicaciones por defecto para ayudarte a relajarte. Por música tranquila que te ayude a dejar salir el estrés y cierra los ojos mientras hace su efecto.

Ante todo, no tomes decisiones ni tengas reuniones con el ánimo alterado.

Relájate.

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